La prevención en zonas vulnerables se basa en tres pilares inseparables: agua segura, saneamiento digno e higiene constante (enfoque WASH). Sin estas condiciones, enfermedades como diarreas, cólera, hepatitis A, fiebre tifoidea y disentería se vuelven endémicas y golpean sobre todo a niños menores de cinco años.
1. Asegurar agua segura en el punto de consumo
- Tratar siempre el agua antes de beber si la fuente no es confiable: hervir al menos 1 minuto, clorar (gotas de lejía segura en concentración adecuada) o usar filtros adecuados seguidos de desinfección.
- Proteger la fuente: evitar descargas de excretas, basura o animales cerca de ríos, pozos y manantiales; construir captaciones cerradas o con cercos y tapas.
- Mantener cloro residual entre 0.5–1.0 mg/L en sistemas de red o comunitarios y verificarlo periódicamente con pruebas rápidas cuando sea posible.
2. Saneamiento básico y manejo seguro de excretas
- Construir y usar letrinas o baños mejorados que separen las heces del contacto humano y de las fuentes de agua; un saneamiento deficiente está directamente asociado a cólera, disentería, tifoidea y otras diarreas.
- Evitar defecación al aire libre, especialmente cerca de cursos de agua o zonas de inundación, y asegurar que los pozos de excretas estén a distancia y cota adecuadas respecto de pozos de agua.
- Gestionar lodos fecales y aguas residuales (fosas sépticas, pozos negros) para que no rebosen ni se filtren hacia acuíferos o acequias usadas para consumo.
3. Higiene personal y de alimentos
- Lavarse las manos con agua limpia y jabón en momentos críticos: después de ir al baño, limpiar al niño, antes de cocinar, comer o alimentar al niño; es una de las medidas más efectivas y baratas para cortar transmisión de enfermedades transmitidas por el agua.
- Consumir solo agua tratada para beber, preparar alimentos, disolver leche en polvo o lavar frutas y verduras; evitar hielo y bebidas elaboradas con agua no segura.
- Proteger alimentos de insectos y polvo, cocinar completamente carnes y recalentar bien las sobras para reducir carga microbiana.
4. Medidas específicas en contextos de riesgo climático
- En sequías, evitar recurrir a pozos improvisados o fuentes superficiales sin tratamiento; si no hay otra opción, combinar filtración (aunque sea rudimentaria) con hervido o cloración y priorizar agua segura para beber y preparar alimentos.
- Tras inundaciones o desbordes, asumir que el agua de ríos, pozos poco profundos y cisternas está contaminada; usar agua embotellada, clorada o hervida, y limpiar/desinfectar depósitos antes de reutilizarlos.
- Contar con sistemas de abastecimiento resilientes (almacenamiento mínimo de 7 días, fuentes alternativas y kits de agua, saneamiento e higiene para emergencias) en comunidades en zonas de desastres recurrentes.
5. Vacunación, vigilancia y educación comunitaria
- Promover vacunación contra enfermedades vinculadas al agua como cólera, fiebre tifoidea y rotavirus (en niños), que complementa pero no reemplaza el acceso a agua segura y saneamiento.
- Fortalecer la vigilancia epidemiológica: notificación inmediata de brotes de diarrea, cólera u otras ETAs, muestreo de agua sospechosa y búsqueda activa de casos para cortar cadenas de transmisión.
- Desarrollar programas continuos de educación sanitaria sobre riesgos del agua contaminada, lavado de manos, manejo de excretas y uso correcto de cloro y filtros; en zonas rurales peruanas, los proyectos de agua y saneamiento han demostrado
