Los fenómenos climáticos extremos (sequías, inundaciones, tormentas, olas de calor) están volviendo el agua potable más escasa, más impredecible y con peor calidad, poniendo en riesgo la seguridad hídrica y la salud pública. Aproximadamente el 90% de los desastres climáticos están relacionados con el agua y afectan directamente el acceso a agua segura.
Cómo afectan sequías e incendios
- Las sequías prolongadas reducen drásticamente la disponibilidad de agua superficial y subterránea, haciendo que millones de personas pierdan acceso a agua potable segura para beber, cocinar y asearse.
- Menos agua en ríos y reservorios implica menor capacidad de diluir contaminantes, por lo que aumenta la concentración de sustancias químicas, nutrientes y microorganismos patógenos en las fuentes de abastecimiento.
- La escasez de agua obliga a recurrir a fuentes alternativas no reguladas (pozos privados, agua de lluvia recolectada sin tratamiento), lo que incrementa el riesgo de brotes de enfermedades transmitidas por el agua y los alimentos.
Inundaciones, tormentas y contaminación
- Inundaciones y lluvias extremas arrastran aguas residuales, lodos, metales pesados y residuos agrícolas hacia ríos y acuíferos, deteriorando la calidad del agua cruda que entra a las plantas de tratamiento.
- Los eventos de crecidas repentinas y tormentas intensas pueden sobrecargar sistemas de saneamiento, provocar desbordes de alcantarillado combinado y dañar infraestructura de captación y tratamiento de agua potable.
- Tras inundaciones, el acceso físico a fuentes seguras se ve interrumpido; guías de manejo de emergencias priorizan suministro de agua potable como recurso crítico para la población afectada.
Impactos en salud pública y ciudades
- Sequía y escasez de agua reducen el volumen disponible para higiene, lo que empeora prácticas de lavado de manos y saneamiento y aumenta enfermedades gastrointestinales, infecciones de piel y ojos.
- En ciudades con infraestructura envejecida, el aumento de eventos extremos daña redes y plantas, mientras el crecimiento urbano y las olas de calor incrementan la demanda de agua, agravando la escasez y favoreciendo enfermedades como diarrea y cólera.
- Estudios recientes sobre seguridad hídrica resaltan que el cambio climático incrementa frecuencia e intensidad de sequías e inundaciones, profundizando desigualdades en el acceso al agua y generando conflictos por su uso.
Mecanismos físicos clave
- El aumento de la temperatura hace que una mayor fracción de la lluvia se evapore antes de infiltrarse o llegar a ríos, lo que genera sequías y hace la disponibilidad de agua más impredecible.
- El retroceso acelerado de glaciares reduce el “almacenamiento” natural de agua dulce, afectando caudales de ríos en épocas secas y comprometiendo la base del abastecimiento en numerosas cuencas de montaña.
- La intrusión de agua salada en acuíferos costeros, favorecida por el aumento del nivel del mar y la sobreexplotación de aguas subterráneas, incrementa la salinidad y dificulta el tratamiento para agua potable.
Líneas maestras de solución
- Fortalecer la resiliencia de los sistemas de agua potable: diversificar fuentes (superficiales, subterráneas, recarga artificial, reúso seguro), proteger ecosistemas y disponer de reservas estratégicas para sequías prolongadas.
- Integrar la adaptación al clima en la planificación del agua: análisis de riesgo, escenarios de sequía/inundación, planes de contingencia y protocolos para asegurar suministro mínimo en emergencias.
- Mejorar la calidad del agua mediante monitoreo continuo, actualización de procesos de tratamiento para manejar picos de contaminación y campañas para evitar uso de fuentes inseguras durante crisis.
